Acogidas y adopciones en estado de alarma

La mayoría de las protectoras han paralizado los procesos de adopción al no poder garantizar la comprobación de los adoptantes, pero algunas permiten la acogida.

Adoptar a un perro o un gato es una gran responsabilidad, un compromiso de por vida. No puede responder a un impulso puntual, sino que es una decisión que debe ser meditada, ya que supone ampliar tu familia, recibir a un nuevo miembro al que cuidar durante toda su vida.

El proceso de adopción comienza mucho antes de abrir las puertas de tu hogar a un animal que necesita una familia. Las protectoras realizan un proceso de comprobación para asegurarse de que las condiciones de la persona adoptante y de su entorno son las adecuadas para ese perro o gato específicos. Por ello, se mantienen entrevistas, se hacen visitas al domicilio, se realiza un contrato de adopción, un compromiso de esterilización, se da de alta el microchip, etc.

Todo este proceso y burocracia requiere trámites y tiempo, por lo que la mayoría de las protectoras han paralizado los procesos de adopción, postergándolos al final del estado de alarma. Sin embargo, estas semanas podemos ver cómo muchas asociaciones agradecen a las personas que echan una mano abriendo sus hogares a los perros rescatados. En su mayoría, se trata de casas de acogida, es decir, personas voluntarias o que tienen relación anterior con las protectoras y deciden aportar su granito de arena para que los perros no pasen más tiempo en los cheniles. Además, es una manera de evitar los traslados diarios hasta los centros para atender a tantos animales. Ahora que nos quedamos en casa, es el momento perfecto para dedicar ese tiempo que a veces no tenemos para conocer a un animal y ofrecerle toda la atención y cuidados que necesita.

Algunas protectoras han comunicado que han conseguido vaciarse, que todos los perros que vivían en ellas han sido acogidos por familias solidarias que ahora pueden dedicarles todo su tiempo. Sin embargo, también surge cierta desconfianza hacia la buena voluntad de algunas personas. La Fiscalía teme que se produzca un aumento de los abandonos de animales cuando termine el estado de alarma, por lo que ya advierte de que se trata de un delito.

La realidad de las protectoras es que están saturadas y sus trabajadores se desviven por darle una segunda oportunidad a los animales rescatados. Así pues, es muy importante que aprovechemos esta cuarentena para reflexionar y quizás, cuando todo esto acabe, adoptar a un nuevo miembro en la familia. Las protectoras de animales siempre nos necesitan, pero ese apoyo será todavía más necesario cuando volvamos a la normalidad.

Las perreras municipales, otra realidad

En las perreras municipales (muchas autodenominadas ahora como centros de protección animal) la realidad puede estar siendo muy diferente. En la mayoría de comunidades autónomas el sacrificio de animales está permitido y es la práctica habitual (regulada por ley) para «liberar espacio» en centros que se encuentran saturados, colapsados siempre, y sin adopciones, ni gestión de personas voluntarias en este momento.

Por ello, nos preocupa cuál esté siendo la realidad en estos centros, qué volumen de animales se esté sacrificando y cuáles estén siendo sus condiciones de vida ahora que apenas acude personal. Solo el estrictamente necesario para alimentarles y limpiar.

En PACMA continuamos pendientes y alerta para ayudar en todo lo posible para mejorar la situación de los animales y exigir a las instituciones y administraciones que cumplan la ley.

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