Comienza la temporada de caza

A partir de ahora y hasta febrero, escucharemos las escopetas de los cazadores en nuestros campos. Los remolques con los ‘perros de caza’ se verán por nuestras carreteras. Más adelante los encontraremos abandonados en las cunetas.

Comienza la temporada de caza

En España se han autorizado 900.000 licencias de armas para cazar, que se repartirán a tiro limpio la vida de unos 20 millones de animales. Toda clase de mamíferos como ciervos, jabalíes, gamos, muflones, corzos, conejos, liebres, cabras montesas, zorros y lobos, así como distintas aves, perdices, codornices, faisanes, palomas o patos, estarán en el objetivo de los escopeteros.

Esta actividad lúdica, pretende maquilladarse con un supuesto factor cinegético mediante el que se supone recomponer el equilibrio del entorno, que de romperse en algún momento, ha sido por obra de la mano del hombre. Así, los cazadores han exterminado hasta el último individuo de lobo ibérico en la mayoría de las comunidades autónomas de nuestro país.

La realidad es que no existen estudios sobre las poblaciones cinegéticas (aquellas en las que se las incluye a los animales que pueden ser cazados) que acrediten que la matanza de tan elevado número de animales es compatible con su supervivencia como grupo. Muy por el contrario, el programa de Seguimiento de Aves Comunes en España (SACRE), acredita que en el periodo comprendido entre 1998 y 2011, la población de codornices ha descendido un 27% y la de perdiz roja un 25%.

Los cazadores, autoproclamados irónicamente  protectores del medioambiente, son los principales causantes del plumbismo, un mal que contamina acuíferos, ríos y envenena a las aves que ingieren los perdigones de plomo. En este interesante informe de Equanimal se estima que los cazadores liberan en nuestro entorno unas 6.000 toneladas de plomo en forma de 50.000 millones de perdigones.

Ni siquiera se librarán de los escopeteros los pocos animales que se hayan salvado de los graves incencios forestales que hemos sufrido este verano. Ningún organismo ha puesto en marcha mecanismos para proteger a los animales de la Reserva Nacional de Caza de Cortes de Pallás, que ha quedado asolada por el fuego. Desgraciadamente allí, los animales estarán más expuestos que nunca a los disparos de los cazadores.

Mención aparte merecen los perros utilizados para tan sangriento entretenimiento. Galgueros y rehaleros son los mayores responsables del abandono de animales. Según este estudio de la Fundación Affinity, el 25% de los casos de abandono en Extremadura son debidos al fin de la temporada de caza. Las protectoras de animales bien pueden dar testimonio de ello. Desgraciadamente, todavía no han quedado atrás las terribles imágenes de galgos ahorcados, tirados a pozos o envenenados.

Por todo ello, desde el Partido Animalista rechazamos la práctica de la caza, por no respetar la vida de los animales objeto de la misma, porque no encontramos excusa para utilizar animales para satisfacer los intereses humanos, porque matar nunca puede ser la solución.

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