Cuando la humanidad para…

Las restricciones del estado de alarma están mejorando la calidad del aire y las aguas.

La situación en la que nos encontramos debido a la propagación del COVID-19 es dramática, pero nos plantea una importante reflexión. «¿Qué le pasa a la naturaleza cuando todos y todas paramos?».

Ahora que nos hemos confinado en nuestros hogares para #FrenarLaCurva de contagios y proteger a toda la sociedad vemos cambios evidentes en nuestro entorno. Con la paralización de la actividad industrial y de los desplazamientos individuales, se ha producido una reducción de los gases de efecto invernadero en ciudades como Madrid. Las calles vacías ven cómo el aire de la capital y de otras grandes urbes se limpia y las boinas de contaminación desaparecen. Con el estado de alarma, los valores de dióxido de nitrógeno en Madrid y Barcelona apenas alcanzan el 40% del límite fijado por la OMS y la UE.

Sara De Matteis, miembro del comité de salud ambiental de la Sociedad Respiratoria Europea, declara que «al reducir los niveles de contaminación del aire, podemos ayudar a los más vulnerables a luchar contra esta y cualquier posible pandemia futura».

La Agencia Espacial Europea ha difundido imágenes tomadas por el satélite Copernicus Sentinel 5-P en las que se muestra la caída sustancial de los niveles de dióxido de nitrógeno sobre Europa, sobre todo en el norte de Italia, donde la cuarentena lleva instaurada más tiempo. Ya en enero observamos cómo en China descendieron los niveles de contaminación sobre las zonas en las que se limitó las actividades para luchar contra el COVID-19.

Sin embargo, debemos ser cautos, ya que las autoridades alertan sobre un repunte de la emisión de gases nocivos a medida que China recupera su actividad industrial habitual. La Agencia Espacial Europea advierte que, a medida que las provincias rebajan los niveles de respuesta a la emergencia, la contaminación se vuelve a disparar.

Otra prueba del impacto de la actividad humana en la naturaleza es la situación de las aguas de los canales de Venecia. Con la reducción del turismo, las aguas venecianas se muestran limpias y cristalinas, sin los sedimentos arrastrados por las embarcaciones que enturbian el fondo de los canales.

Y no solo el medioambiente está cambiando con la reducción de la presencia humana en las calles, sino que los demás animales están ganando presencia. Los pavos reales paseándose por las aceras de Madrid, los zorros adentrándose en la urbe de Londres, los jabalíes acercándose a curiosear el centro de Barcelona, los patos haciendo suyo el puente del Arenal en Córdoba e incluso un oso se ha dejado ver paseando por el asturiano pueblo de Cangas de Narcea. José Luis Viejo, catedrático de Zoología de la Universidad Autónoma de Madrid, destaca que «la disminución de la actividad y presencia humanas permite que algunas especies de vertebrados, en especial mamíferos oportunistas, amplíen sus áreas de campeo».

La situación en la que nos encontramos es dramática y debemos esforzarnos al máximo por combatir este virus. Pero también debemos aprovechar la evidencia que nos muestra la naturaleza para reflexionar sobre nuestro impacto en el entorno y los animales. Cuando consigamos vencer al COVID-19, debemos aprender de esta dura lección que nos está costando miles de vidas humanas para cambiar nuestra forma de consumir. Así, protegeremos al planeta y a la humanidad, evitando que se repita una nueva pandemia y asumiendo una manera de consumir mucho más responsable que beneficie a todos y a todas.

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