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El veganismo: una corriente de esperanza para el planeta

El excesivo consumo de productos de origen animal se ha convertido en un problema mundial para la salud de los animales, el medioambiente y las personas. En julio de 2018, diecisiete partidos animalistas de todo el mundo se vieron en la obligación moral de publicar un manifiesto en el que alertaban a todo el planeta sobre las terribles consecuencias que estaba ocasionando nuestro actual estilo de consumo. Resaltaban que, pese a que los 7,6 mil millones de personas que habitamos el planeta sólo representamos el 0,01% de toda la vida en él, estamos esquilmando sin respeto la existencia que nos rodea, los recursos naturales y nuestra propia supervivencia.

  1. Implicaciones éticas
  2. Daños al medioambiente
  3. Perjuicios para la salud de las personas

Por todos estos motivos la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) instó a la administraciones políticas del mundo a elaborar, difundir y promocionar guías alimentarias con dietas basadas en proteínas vegetales. La FAO lo consideraba importante para equilibrar y frenar todas las alertas sanitarias y medioambientales que el consumo de productos de origen animal está provocando. El Gobierno español hizo caso omiso de esa directiva. En el Partido Animalista somos el único partido político en España que se lo tomamos en serio, por los animales y la salud de nuestro planeta y las personas que en él vivimos.

Un ejemplo de cómo el consumo de productos de procedencia animal son una pesada losa que pone en riesgo la vida en la tierra son las aves destinadas a consumo que malviven en las granjas. Su población mundial representa el 70% de todas las especies de aves en el planeta, pese a que se matan 60 mil millones cada año. Pero no hay que irse lejos de España para encontrar datos escalofriantes. La especie –incluyendo humanos– con mayor individuos en nuestro país es la porcina. Sí, esto quiere decir que en España hay más cerdos que personas. Una realidad que pone en cuestión el rumbo actual del consumo, más aún si tenemos en cuenta que la ganadería es la mayor muestra de maltrato animal ignorado y justificado por las leyes, y el principal contaminante mundial. De esa preocupación por los animales, por el medioambiente y por la propia salud nace el veganismo, una forma de entender la vida que está haciendo mucho más por ti de lo que puedes imaginar.

¿Qué pasa con los animales?

La principal fuente de productos para consumo humano es la ganadería. Este sector cría y sacrifica en cadena el mayor porcentaje de animales que las personas consumen. En el Partido Animalista siempre hemos defendido que es conveniente informar a los consumidores del camino que ha seguido el animal desde que nace hasta que una parte de su cuerpo acaba en el plato. Sólo con una sociedad formada e informada –tanto en este como en otros muchos aspectos de la vida– garantizamos que se planteen cuestiones y se tomen decisiones formadas.

Hoy en día, mientras lee este artículo, hay miles de millones de animales sufriendo para acabar forrando abrigos, bolsos, zapatos y cinturones que venderán en los escaparates. También formarán parte del menú del día. Esos animales son tratados en horribles condiciones y ni siquiera existe en España una Ley que garantice de manera efectiva su bienestar.

De vuelta al ejemplo de los cerdos, sirvan estas prácticas como breve información de todo lo que la ganadería hace con ellos a diario:

  • Vivirán una vida en la más absoluta cautividad, hacinados o solos, y en jaulas sin espacio para moverse.
  • La esperanza de vida de un cerdo es de 10-15 años, pero los ejecutarán a los 5 meses.
  • Nada más nacer, los bebés sufrirán mutilaciones masivas con tenazas de cola y dientes, y serán castrados sin anestesia. Esto les producirá un horrible dolor.
  • Las cerdas serán obligadas a parir hasta 3 veces al año. Después de siete partos serán enviadas al matadero, pues se multiplica la muerte embrionaria.
  • Durante la gestación, las cerdas serán confinadas durante 115 días en jaulas de 60 cm de ancho.
  • Si un cerdo resulta herido sin gravedad no recibirá asistencia veterinaria. Si resulta herido grave será ejecutado.
  • Sufrirán enfermedades por estrés y sufrimiento que modificarán su comportamiento.

Estas circunstancias son similares a las de todos y cada uno de los animales que viven en granjas y no incluye algunos métodos de sacrifico permitidos como excepciones religiosas, como el Halal o el Kosher, consistentes en degollarlos vivos sin aturdimiento previo.

¿Qué pasa con el planeta?

En lo que llamaron “terrible advertencia a la humanidad”, 15.000 científicos internacionales aseguraron que la producción de carne está detrás del deterioro de nuestro planeta. Pero el gobierno español, en lugar de tomar nota, sigue permitiendo que en nuestro país se instalen macrogranjas. Según un informe de la FAO, la industria ganadera es hoy el principal contaminante mundial, por delante del transporte.

Se calcula que las explotaciones ganaderas vierten a la atmósfera un 18% de todos los gases de efecto invernadero que contaminan el aire que respiramos. Un 9% de CO2 y hasta un 65% del óxido nitroso de origen humano. El óxido nitroso, en particular, tiene un 300% más de capacidad para calentar el planeta que el CO2.

Ningún partido político en el Congreso parece preocuparse por estas alarmantes cifras de las que llevamos años alertando. Si las administraciones mantienen su política de ‘bienvenida’ a las macrogranjas, en el futuro el aire será irrespirable en España.

La mayoría de esos gases nocivos para la salud proviene de los purines (que es el eufemismo que la industria cárnica utiliza para referirse a los excrementos y el orín de los animales que explota) y no sólo contaminan el aire.

El 70% del agua dulce del mundo y el 38% de la superficie de la tierra se dedica a la producción de carne y lácteos. Son datos de la ONU. Pero España sigue siendo tierra de acogida para las granjas de las grandes empresas de carne europeas.

No sólo echaremos de menos el agua que la ganadería haya consumido, también lamentaremos que no podamos consumir la que está contaminando. Los excrementos que las granjas almacenan en embalses se filtran a la tierra y contaminan los acuíferos naturales, muchos de ellos fundamentales para el abastecimiento humano.

Como muestra, sólo en Cataluña, donde los excrementos almacenados podrían llenar más de 6.000 piscinas olímpicas al año, el 41% de los acuíferos catalanes están contaminados por los nitratos procedentes de las granjas. En 139 municipios catalanes el agua del grifo no es apta para consumo humano.

De nuevo, se hace complicado sostener la política abierta de nuestras administraciones para permitir la instalación de macrogranjas que exploten animales y contaminen el medioambiente para alimentar no sólo a los españoles, también a ciudadanos de otros países europeos que ya advierten los beneficios de estar cerrando sus granjas para trasladarlas a España.

¿Qué pasa con nuestra salud?

Nadie discute que no hay dieta con alto contenido en carne que sea saludable. Los problemas cardiovasculares asociados a ellas son un hecho. Pero no son los únicos perjuicios para nuestra salud.

Comer carne procesada como salchichas, hamburguesas o embutidos aumenta el riesgo de sufrir cáncer, según anunció un panel de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El dictamen concluye que estos alimentos son “carcinogénicos para los humanos” y los incluye en el grupo de sustancias más peligrosas para la salud junto con el humo del tabaco, el plutonio o el aire contaminado, entre otros más de 100 compuestos analizados anteriormente. El organismo también considera que la carne roja (vacuno, cerdo, caballo, cordero, cabra…) es “probablemente carcinogénica”.

Además, la OMS ha advertido en varias ocasiones del peligro que supone para la salud el uso de antibióticos en granjas industriales. En España mueren cada año 2.500 personas por la resistencia a este tipo de fármacos, según datos del Ministerio de Sanidad. Un informe del Gobierno británico afirma que en 2050 morirán más personas por bacterias mutadas e inmunes a cualquier antibiótico que por cáncer o por accidentes de tráfico.

El mito de las proteínas

Sobre la mesa, los principales motivos que cada vez llevan a más personas a dar el paso de desvincularse –o reducirlo–  del consumo de productos de origen animal. Ahora los mitos sobre este tipo de dietas. En realidad, existe una tendencia generalizada entre la población que señala que la carne o los lácteos son necesarios para obtener cierto tipo de nutrientes, como las proteínas. Pero cada vez más nutricionistas aseguran que es posible llevar una dieta equilibrada y completa sin poner animales en nuestro plato.

Existen 8 aminoácidos que nuestro cuerpo no puede sintetizar, por lo que necesita obtenerlos de los alimentos. Nutricionalmente, la espelta no tiene que envidiarle nada a un filete de vaca. La soja, el amaranto o la quinoa tienen esos 8 aminoácidos en buenas cantidades. Lo único que hay que saber es cómo combinar el resto de alimentos vegetales para poder obtenerlos. Si combinamos, por ejemplo, cereales y semillas con legumbres y frutos secos en nuestra dieta tendremos a mano todo lo que necesitamos, siempre que se complemente con otros vegetales.

Lo mismo ocurre con el hierro (cereales, sésamo, legumbres, frutas…) y el calcio (frutos secos, cereales, legumbres…).

La B12 y porqué deberías tenerla en cuenta aunque consumas carne

El único nutriente que no es posible encontrar en los alimentos vegetales es la vitamina B12. Cualquier persona que haya decidido cuidar el bienestar de los animales, el planeta y su salud a través de la dieta debe tenerlo muy en cuenta. Afortunadamente, existen suplementos en el mercado (como la Cianocobalamina) que ayudan a obtener lo necesario en nuestra dieta. Se ha asociado su déficit a las dietas basadas en vegetales; sin embargo empiezan a advertirse deficiencias entre los consumidores de carne.

Paradójicamente, el problema lo ha ocasionado el propio consumo de carne y sus sistema de producción actual. Antes los animales destinados a consuno humano adquirían el B12 de los pastos; es decir, de la tierra. Actualmente, y para cubrir la enorme demanda de carne en el mundo, los animales son hacinados en diminutas jaulas y son alimentados con pienso procedente a su vez de otros animales que tampoco saben lo que es comer pasto. Esto está ocasionando en la carne un déficit de B12, con cantidades insuficientes para nutrir al organismo humano.

Se trata de un tema bastante serio, ya que su déficit está asociado a la anemia y a trastornos neurológicos que tardan años en manifestarse.

El excesivo y continuado consumo de productos de origen animal es un grave problema que afecta de forma negativa y directamente a tres frentes: el ético, el ecológico y el sanitario. Pero hay muchas más implicaciones, como reflexión final, un dato: según la FAO, el 70% de los pastos del planeta están dedicados a cultivos que irán destinados a alimentar a los animales que luego consumirán las personas. Esto debería abocar a todos los gobiernos del mundo a una profunda reflexión sobre cómo estamos gestionando los recursos cada vez más escasos de nuestro planeta.

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