La dureza de la vida en confinamiento

Estar encerrados por solidaridad y para proteger a la sociedad es un acto heroico. Encerrar a otros seres vivos por egoísmo durante toda su vida es una crueldad.

Desde que se decretó el estado de alarma, la mayor parte de la población nos estamos quedando en nuestras casas para #FrenarLaCurva de contagios, salvar miles de vidas y evitar el colapso de nuestra saturada sanidad. Está en manos de todos y todas acabar con este virus, aunque eso nos esté costando la libertad de tránsito, los paseos por los parques, la práctica de deporte al aire libre… Sin embargo, el objetivo común es vencer a esta pandemia y protegernos, por lo que requiere de todo nuestro esfuerzo y merece la pena.

En esta situación conviene recordar que ahora mismo hay millones de animales en todo el mundo pasando su vida confinados en jaulas. Hablamos de los visones y zorros de las granjas peleteras, de los cerdos, vacas y pollos de las granjas ganaderas; de los tigres, elefantes y demás animales salvajes que deberían estar en su hábitat natural, pero están confinados en los circos; de los miles de seres de un sinfín de especies encerrados en las jaulas de los zoológicos.

Todos esos animales sufren una vida de confinamiento, como a la que nos vemos obligados todos los ciudadanos y ciudadanas ahora, pero sin las comodidades de un hogar. Sin entretenimiento, sin una zona confortable, pasando sed y hambre, temblando de frío o de miedo, sin comunicación con su familia… Y, lo peor de todo, sin la esperanza de que ese confinamiento termine, ni la certeza de si algún día ocurrirá.

Ahora que nos podemos poner mínimamente en su lugar, ahora que vemos lo difícil que es quedarse en un espacio cerrado durante días sin poder salir, debemos reflexionar sobre la repercusión de nuestro consumo, sobre el planeta y los demás animales, y también sobre nuestra manera de entretenernos. Esos millones de animales llevan una vida miserable, sometidos y encerrados solo para que algunos seres humanos disfruten observándolos un rato, aplaudiendo los ejercicios que les han enseñado a través del castigo, vistiéndolos como una prenda de lujo o simplemente incluyéndolos como parte de su comida.

Desde PACMA te invitamos a hacer una reflexión. Imagínate toda una vida de encierro y confinamiento, en las peores circunstancias, en los más sucios recintos, en muchas ocasiones para acabar muriendo violenta y dolorosamente.

Piensa que miles de millones de animales viven así toda su vida. Y además no tienen voz; están invisibilizados detrás de los muros.

Ponte en su lugar y, cuando todo esto acabe y volvamos a ser libres, no te olvides de los que seguirán encerrados mientras sigan existiendo los circos, los zoológicos, las granjas ganaderas y peleteras y todos los horribles lugares en los que el ser humano confina a millones de animales cada año.

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