La industria cárnica invierte miles de millones en publicidad para manipularte

La publicidad es una de las armas más poderosas y las industrias que explotan animales saben cómo usarla.

La industria de la carne, el huevo y los lácteos dedica miles de millones de euros cada año a blanquear su imagen y fomentar el consumo de sus productos. Las estrategias de marketing son claras y muy cuestionables.

¿Cómo lo hacen?

En primer lugar, con las imágenes de anuncios y envoltorios. Cerdos siendo acariciados, vacas pastando en inmensos y verdes prados, gallinas picoteando entre la hierba… Eso es lo que las industrias que explotan animales quieren que veamos, pero está muy lejos de la realidad.

Una granja de vacas lecheras es más bien una sucia sucesión de apartamentos donde las nodrizas son preñadas, se les arranca a los terneros recién nacidos (que serán enviados al matadero con pocos meses de vida) y se las ordeña artificialmente mientras la producción de leche sea satisfactoria para la empresa ganadera. Cuando ya no les valga, seguirá el camino de las decenas de hijos que le arrebataron hasta el matadero.

Las gallinas ponedoras no viven en un idílico campo disfrutando del sol y el aire fresco. Viven hacinadas en sucias jaulas en las que apenas se pueden mover, cubiertas de excrementos y entre los cadáveres de sus compañeras. Esa es la realidad de las gallinas que han producido los huevos de tipo 3, pero la vida de las ponedoras de tipo 0 tampoco es un idilio. Las especificaciones se centran más en el tipo de alimentación que en el bienestar del animal y, cuando desciende la producción, las aves tienen el mismo fin que las demás: el matadero. Su puesto será ocupado por otra más joven y «productiva».

En segundo lugar, estas industrias emplean etiquetas engañosas con palabras como «bio», «ecológico», «verde», «cría en libertad» que no están realmente reguladas ni se corresponden con el imaginario del consumidor. La normativa del etiquetado es tan manipulable en todos los sentidos que se utiliza para el engaño.

Muchas personas desconocen, así, la realidad que se esconde tras la industria, que se aprovecha de este desconocimiento y engaña a los consumidores a través de la publicidad y de estas estrategias.

Publicitan un producto cancerígeno

¿Cómo es posible que la Organización Mundial de la Salud haya señalado en varios informes la relación entre la carne roja y el cáncer y que se siga fomentando su consumo? Otras entidades, como la Universidad de Oxford, han evidenciado el daño que causa consumir este tipo de carne. Aseguran que incluso en pequeñas proporciones, la carne roja y procesada aumentan el riesgo de padecer cáncer de colon.

Aún así, durante los últimos años, se han gastado más de 60 millones de euros de presupuestos europeos para fomentar el consumo cárnico con estrategias de marketing. Es más, cuando la OMS lanzó su recomendación de disminuir el consumo de carne por su relación con patologías cancerígenas, la demanda de la misma cayó y, en consecuencia, se disparó la inversión en publicidad y marketing para aumentar el consumo de carne.

Lo que ves en los medios de comunicación

Solo párate un segundo a pensar en los anuncios que ves en la televisión o en Internet. ¿Cuánto cuesta el anuncio de Campofrío de Navidad? ¿Cómo refleja Central Lechera Asturiana la supuesta vida de las vacas que explota? Esa imagen no es real.

Enfermedades derivadas del hacinamiento, contaminación por filtración de purines, emisión de metano y CO2 a la atmósfera, raquitismo derivado de la falta de luz, amputaciones sin anestesia de los animales… Esa sí es la realidad.

El lobby de la industria cárnica es tan poderoso que llega a los más altos niveles. No en vano, durante el estado de alarma lograron que el rey Felipe VI mediase para vender unos 100.000 corderos vivos a Arabia Saudí, saltándose la exigencia sanitaria de realizar pruebas de brucelosis a cada animal para evitar una grave enfermedad que también afecta al ser humano.

El beneficio de la industria por encima del bienestar animal y la salud humana

La triste realidad es que para la industria cárnica y la ovoláctea los animales son solo cifras y beneficio económico. Su bienestar no importa y se ejerce un maltrato sistemático que abarata los costes, aunque eso implique un sufrimiento indecible para los animales.

La realidad es que las leyes no regulan el bienestar animal, solo protegen a los ganaderos y la rentabilidad de la industria.

La realidad es que a estas crueles industrias no le importa tu salud, no les importa que sus productos se hayan relacionado directamente con diversos tipos de cáncer, no les importa contaminar el medioambiente… Solo les interesa enriquecerse a costa de los animales y las personas.

Pero tú puedes contribuir a cambiar esto reduciendo poco a poco y eliminando tu consumo de carne. ¡Rechaza la explotación animal!

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