La realidad de las rehalas: una perra muere ahorcada con su propia cuerda

Una perra confinada en un zulo en Totalán (Málaga) ha fallecido ahorcada al enredarse la corta cuerda con la que estaba atada.

Una perra muere ahorcada en una rehala en Totalán con su propia cuerda.

Hace unas semanas, una familia paseaba por el municipio malagueño de Totalán cuando escuchó jadeos y ladridos. Al asomarse, pudieron ver a través de un pequeño agujero en la pared el zulo insalubre en que estaban condenados a vivir varios perros, la mayoría podencos. Una perra jadeaba fuertemente, luchando por respirar, debido a la corta cuerda que tenía enroscada alrededor del cuello.

Intentaron salvarla pero cuando volvieron a socorrerla la perrita ya había fallecido, ahorcada por la cuerda. Una muerte terrible y agónica causada por la falta de atención y cuidados.

Advertimos: las imágenes son de una dureza extrema.

El SEPRONA, al ser avisado por estas personas, acudió al lugar y señaló que, al haberse ahorcado la perra con la cuerda, no procede investigar al propietario de la rehala por su muerte, únicamente por las condiciones en que se encontraban los perros. La muerte de esta perrita no se castigará, una muestra más de la escasa protección que tienen los animales en nuestro país.

La caza condena a decenas de miles de perros a una vida miserable, a una vida de esclavitud. Muchos de ellos viven en las llamadas rehalas en condiciones insalubres, en zulos asfixiantes, obligados a servir a los que se divierten disparando y matando animales en nuestros montes, atados con cortas cadenas, sin la suficiente agua ni comida ni la atención adecuada que necesitan.

Pese a que durante años se han sucedido casos terribles relacionados con las rehalas y los hemos denunciado, continúan existiendo y permitiéndose, sin llevarse a cabo un control desde las administraciones. El último caso nos ha estremecido especialmente.

Las rehalas, una cruel realidad que debe desaparecer

Esta es la triste realidad de los perros usados para la caza. Son meras herramientas, instrumentos que se desechan y abandonan cuando ya no son útiles.

La existencia de las rehalas es una prueba fehaciente de cómo las autoridades respaldan a los cazadores. Los perros que allí se encuentran están en pésimas condiciones higiénico-sanitarias, obligados a dormir en muchas ocasiones entre sus propios excrementos y atados, y en muchos casos, como en el de esta perrita de Totalán, terminan muriendo.

En otros casos, cuando esas pésimas condiciones mermen lo que los cazadores consideran sus «capacidades» para cazar, serán abandonados o matados.

Muchos países han prohibido ya la caza con perros, pero España continúa a la cola en la defensa de los animales, y continúa permitiéndola y fomentándola. El caso de Andalucía es especialmente vergonzoso, pues el Gobierno andaluz quiere declarar la rehala y la montería como Bien de Interés Cultural.

En PACMA no descansaremos hasta acabar con esta actividad violenta, que no solo es la responsable de la muerte de millones de animales cada año y del secuestro de nuestros montes, sino que condena a animales como la perrita de Totalán a una vida miserable, un sufrimiento indecible y una muerte agónica y terrible.

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