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La violencia vuelve al campo

En el Partido Animalista sumamos cada vez más apoyos a la prohibición de la caza. Una actividad que pretendemos prohibir a través de la Ley Cero.

Stop caza

Ni los animales, ni los senderistas, ni los ciclistas que disfrutan del entorno natural, ni aquellos que pasean a su perro por el campo, podrán estar tranquilos durante las próximos meses: ha comenzado la temporada de caza. Veinte millones de animales serán abatidos bajo las balas de personas violentas que disfrutan matando y que convertirán, a partir de ahora, el entorno natural de nuestro país en su coto privado de caza. Quienes buscamos la tranquilidad y la paz en la naturaleza, lo tenemos más complicado.

Sin embargo, la caza empieza a ser cuestionada cada vez con más recelo por la sociedad, encontrándose ahora en un punto similar al que ya se encontró la tauromaquia hace 10 o 15 años, cuando la ciudadanía empezó a cuestionarse si debía permitirse –cuando no ampararse– una actividad violenta y basada en la muerte de animales por motivos lúdicos. De hecho, el sector de la caza ya se ha visto obligado a realizar movilizaciones para defender su cruel afición. Los que apostamos por defender la vida de todos los animales, debemos seguir presionando para lograr el cambio político que ponga fin a la barbarie de la caza.

En el Partido Animalista sumamos cada vez más apoyos a la prohibición de la caza. Nuestro posicionamiento es claro y así se refleja en la Ley General de Bienestar y Protección de los Animales (Ley Cero) que la presidenta del partido, Silvia Barquero, y la portavoz, Laura Duarte, entregaron personalmente a la Ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribero. Esta Ley prohíbe específicamente todo tipo de caza. Seguimos a la espera de futuras nuevas reuniones con la ministra para conocer hasta donde esta dispuesto a llegar el actual gobierno y seguir trabajando en el proyecto político más ambicioso por los animales en nuestro país.

La muerte como fin

La única finalidad de la caza es la muerte: acribillar a tiros a un animal para colgarlo de una pared o disecarlo como trofeo. Exhibir la violencia sádica y extrema. Reclamamos un cambio político que ayude a construir un país más empático con los animales que son masacrados. Como mejor muestra de lo que suponen los cazadores para la naturaleza, las cifras. En un año se ejecutan casi 6 millones de conejos en España, más de 4 millones de zorzales, más de dos millones de perdices y casi 300.000 jabalíes, entre otras especies cinegéticas como ciervos, corzos, lobos, etc. En definitiva, una masacre de 20 millones de animales que asolara la fauna española.

En muchas de estas ocasiones la caza será presentada como un método definitivo de control poblacional, cuando ya hay estudios que demuestran que sus efectos en este sentido son nulos. De hecho, suele ocurrir lo contrario y ya conocemos casos en que son los propios cazadores los que importan desde otros países a animales para abatirlos con sus escopetas, lo que supone un peligro para el equilibrio de la fauna en la naturaleza. Lo único que realmente consigue la caza es desestabilizar los ecosistemas y convertirse en una de las principales causas del aumento de especies en peligro de extinción.

Aunque parece de sobra demostrado que la caza sólo es útil para paliar las ansias de sangre de los violentos, aún sigue contando con el respaldo de políticos sin valentía que no hacen nada para frenar la masacre en el campo.

El perro, la otra víctima de la caza

A menudo los cazadores justifican su “amor por los animales” que matan sin compasión los fines de semana (un argumento similar al empleado por los taurinos cuando torturan animales), en el cuidado de los perros que utilizan para su cruel actividad. De nuevo, la realidad de sus actos echa por tierra su propio argumento. En PACMA hemos documentado en multitud de ocasiones la manera en que la caza trata a sus perros. Para ellos estos animales son sólo herramientas que suelen almacenar en zulos apestados de excrementos, con agua sucia y con poco alimento. No hay año en que no salgan a la luz horribles imágenes del estado en el que se encuentran las rehalas. Sin ir más lejos, la semana pasada PACMA mostró el estado de un zulo en el que había rehalas de cazadores en Córdoba. Trescientos animales encadenados, desesperados y sin las debidas atenciones.

Y si la vida de cualquier perro utilizado por los cazadores es triste, su final no es mucho mejor. Se han conocido caso de maltrato animal en el que muchos de ellos que acaban abandonados a su suerte, ejecutados a tiros y, en el peor de los desenlaces, ahorcados en un árbol o atados a una vía a la espera de que pase el tren que los decapite. Las ansias de matar de la caza no tiene freno y en algunas comunidades, como Castilla la Mancha, se ha llegado a permitir por Ley que los cazadores acribillen a perros y gatos abandonados.

Las actividades violentas sólo tienen fines violentos y en PACMA creemos que ha llegado el momento de prohibir una práctica que sólo genera sufrimiento para millones de animales, daños irreparables a los ecosistemas y el medioambiente, y un obstáculo moral en el mundo mejor que la política está obligada a construir.

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