Las instituciones, al servicio de los taurinos

La tauromaquia ve peligrar su futuro y busca por todos los medios la forma de sobrevivir. El Gobierno, las autonomías y los medios continúan a su servicio.

Las instituciones, al servicio de los taurinos

El sector taurino sabe que su actividad violenta está condenada a la prohibición. Por eso buscan, por todos los medios posibles, el apoyo de las instituciones, con el Gobierno a la cabeza, que parece dispuesto a tenderles la mano, una vez más, y ofrecer un rescate económico a la tortura de animales.

Es un hecho que los festejos taurinos son rechazados por la mayoría de la sociedad, que sobreviven gracias a la constante inyección económica de ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas, estado, e incluso de la Unión Europea. Pero también los propios empresarios taurinos reconocen y asumen las pérdidas constantes, dispuestos a sostener como sea a la tauromaquia.

Las restricciones impuestas por el estado de alarma han condenado a la cancelación a la mayoría de festejos taurinos. La tauromaquia tiene los días contados y aunque este es el momento de prohibirla, numerosas administraciones ya han tendido su mano para realizar las corridas y festejos a puerta cerrada y televisarlas. Es el caso de la Junta de Andalucía, que propuso, en una reunión con empresarios del sector, ganaderos y toreros, implementar varias medidas, como televisar las novilladas en Canal Sur a puerta cerrada y reducir los costes administrativos y simplificar los trámites para los festejos.

Además de aparecer continuamente en los últimos días en las televisiones generalistas para intentar blanquear su imagen, también tienen sus propios medios de comunicación que los respaldan, como el canal temático Toros, que planifica junto a la Unión de Toreros una temporada taurina televisada a puerta cerrada a partir de junio. Son intentos de insuflar algo de vida a un sector que se desmorona por sí solo.

Las ayudas públicas a la tauromaquia, en boca de todos

Recordemos que el sector cultural (el verdadero sector cultural: artistas, escritores y escritoras, editoriales, cineastas…) es uno de los más castigados por la crisis, y continuará siéndolo por la reducción de los aforos y otras medidas de seguridad. Mientras esperan medidas más contundentes, tienen que soportar cómo las instituciones abren las puertas y colocan alfombra roja a los pies de los taurinos para que puedan continuar torturando animales.

Y es que no solo comunidades autónomas como Andalucía han demostrado su claro apoyo al lobby taurino. El Gobierno estatal, a través del Ministerio de Cultura, también se reunió la pasada semana con representantes del sector y les confirmó que incluirían la tauromaquia en el paquete de medidas para cultura. En palabras del comunicado emitido por el propio Ministerio, no solo se abordó «la inclusión de la tauromaquia en las medidas que se vayan aplicando a las industrias culturales», sino que el Gobierno fue más allá y señaló que se valorarán medidas específicas para este sector.

La respuesta de la sociedad a este hecho vergonzoso no se ha hecho esperar, y el rechazo ha sido rotundo: no queremos sufragar la tortura y muerte de animales con dinero público.

En un momento en que el sistema público ha demostrado ser nuestra única garantía, en sanidad, educación y empleo, entre otros sectores fundamentales, es vergonzoso que el Gobierno destine siquiera un céntimo a estos espectáculos, y así se lo ha transmitido toda la sociedad al Gobierno a través de un movimiento imparable en redes sociales.

Sin embargo, desde las instituciones hacen oídos sordos y continúan dando un trato preferencial a la tauromaquia. Por supuesto, tienen sus propios medios, además de beneficiarse de lo público con miles de euros cada año; la cara más visible y mediática del sector, la Fundación Toro de Lidia, recibió en noviembre de 2019 35.000 euros de dinero público únicamente para incluir artículos sobre tauromaquia en la Wikipedia.

Quizá suene a noticia de El Mundo Today, pero no lo es. Es solo una muestra de cómo las instituciones apoyan y sufragan la tauromaquia, a través de fundaciones, facilidades para la celebración de espectáculos, reuniones a puerta cerrada, dinero público (que podría ir a otros sectores esenciales que lo necesitan) y medios de comunicación para continuar con su propaganda.

Pero tienen los días contados y lo saben. La cancelación de las ferias más conocidas y de muchos festejos que son el epítome de la crueldad son solo el primer paso para su fin definitivo; es difícil que la tauromaquia se recupere de esta crisis y la sociedad la rechaza más que nunca. Es el momento de que el Gobierno prohíba la tauromaquia. Sin medias tintas, sin moratorias, sin excusas. Prohibición por ley de esta lacra que nos avergüenza.

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