Los delfines del zoo de Barcelona, condenados al cautiverio en Atenas

En lugar de ser reubicados en un santuario de cetáceos, Nuik, Tumay y Blau han sido trasladados a un delfinario ateniense, donde seguirán siendo explotados.

En 2018, el Ayuntamiento de Barcelona pareció dar un paso a favor del bienestar animal y el pleno ratificó que se convertiría en una ciudad libre de cetáceos en cautividad, prohibiendo la exhibición y cría de estos animales en instalaciones dependientes del consistorio. Lo que la alcaldesa Ada Colau no contó es que iban a deshacerse de los delfines entregándolos a otro zoológico. Es decir, Barcelona se podrá colgar la etiqueta de ciudad sin cetáceos en cautividad, pero habiendo abandonado a sus delfines en otro zoológico, donde continuarán encerrados y haciendo espectáculos de circo.

En 2018 seis delfines vivían encerrados en el Zoo de Barcelona. Anak, la matriarca del grupo, falleció a causa de un virus en 2019. Kuni y Leia fueron trasladados al Oceanogràfic de Valencia, y ahora Nuik (21 años), Tumay (17 años) y Blau (7 años) son condenados a otro encierro, esta vez en Atenas.

Los tres delfines, hasta hace dos días confinados en las piscinas del Zoo de Barcelona, han sido cedidos al Attica Zoological Park de Atenas (Grecia), un centro que desarrolló su cruel actividad durante años sin licencia y que sigue realizando espectáculos con delfines, pese a vulnerar la ley de protección animal del país heleno. Así pues, Nuik, Tumay y Blau seguirán siendo víctimas de la esclavitud y privados de su libertad, obligados a realizar comportamientos antinaturales para entretener a personas sin empatía y enriquecer a sus explotadores.

Barcelona se desentiende de los delfines y los traslada a un zoo griego para poder decir que será una ciudad libre de cetáceos en cautividad

Ya en 2016, la alcaldesa Ada Colau anunció el cierre del delfinario, un residuo anacrónico de explotación y exhibición animal que no debería existir en ninguna parte del mundo y que implica el maltrato físico y psicológico de los cetáceos, animales cuya inteligencia y sensibilidad ya nadie pone en entredicho. Tras cuatro años de espera, Nuik, Tumay y Blau han sido condenados a la misma explotación, pero en otro lugar diferente. En lugar de ser trasladados a un santuario de cetáceos, escasos por no suponer una fuente de ingresos económicos, han sido encerrados en otro centro zoológico que se enriquece ofreciendo ridículos espectáculos.

La esperanza de vida de los delfines es de unos 40 años y estos inocentes delfines vivirán décadas encerrados, obligados a saltar y hacer piruetas absurdas a cambio de comida, para morir sin haber podido nadar libres en el océano.

Desde PACMA llevamos años luchando por el fin de los zoológicos y acuarios, que no son más que cárceles para los animales en las que el enriquecimiento económico se antepone al bienestar animal.

#ZoosSonCárceles

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