Perros a subasta: ¿por qué las Administraciones siguen considerando a los animales como objetos?

Un juzgado está subastando a un perro como un «bien mueble», la punta del iceberg de un desamparo absoluto institucional y jurídico de los animales.

Recientemente los medios se hacían eco de una bochornosa noticia: el juzgado de primera instancia nº3 de Lugo ponía a subasta pública un perro llamado Boss como un «bien mueble», con un valor estimado de 3.431 euros y una puja mínima de 1.715 euros.

Esta noticia es una aberración, no solo por la cosificación hacia un animal, poniéndole un precio y tratándolo como un objeto, sino por la desconsideración absoluta hacia su bienestar emocional. ¿Cómo es posible que se subaste un perro como si fuese un sofá o una cómoda? El motivo de semejante atrocidad es una disputa en un proceso de divorcio, en el que los implicados no se logran poner de acuerdo en quién se queda con el animal.

¿Qué hay detrás?

Pero el fondo va mucho más allá… ¿Por qué en España se permite algo así? Pues la respuesta es muy sencilla: porque los partidos políticos con representación parlamentaria no se han ocupado de tramitar cambios legislativos que impidan que los animales sigan siendo considerados cosas.

En febrero de 2017 se llevó ante el Congreso de los Diputados la modificación del régimen jurídico de los animales, una ley que instaba al Gobierno a promover las reformas legales necesarias para crear una categoría especial en el Código Civil donde se definiera a los animales como «seres vivos dotados de sensibilidad», así como para que no pudiesen ser objeto de embargo en ningún procedimiento judicial. Dicha reforma fue apoyada por UNANIMIDAD, pero nunca llegó a aplicarse. ¿Por qué? Porque la dejaron caducar, porque no les interesaba en absoluto, pese a tener un apoyo unánime, proteger a los animales.

El proyecto fue pasando por los diferentes trámites establecidos, pero finalmente acabó bajo el epígrafe de CADUCADO en 2019, pese a haber pasado por 115 enmiendas de los partidos políticos, todos interesados en dar apariencia de preocupación por el bienestar animal, pero realmente sin el más mínimo interés en que saliese adelante.

En 2020, ante la caducidad del proyecto, se volvió a presentar exactamente el mismo texto, que deberá pasar de nuevo por todos los trámites, alargando el proceso sine die.

La única esperanza para los animales

Así pues, los animales llevan 4 años esperando a tener cierta protección, aunque esta propuesta se limitase a los animales considerados «de compañía», dejando una vez más a la inmensa mayoría de animales desamparados ante los interminables abusos que sufren. Es más, llevamos 14 años de retraso desde que la Unión Europea estableció en el Tratado de Lisboa de 2007 que los Estados miembros deben tener plenamente en cuenta las exigencias en materia de bienestar de los animales como sensibles.

Esto sucede y seguirá sucediendo mientras los partidos políticos del Congreso consideren a los animales como meras promesas electorales, como medios para obtener votos. Y su situación de desamparo no cambiará hasta que un partido realmente animalista, que tenga la protección a los animales como eje vertebrador de sus políticas, un partido como PACMA, logre entrar en las instituciones para ser la única voz de los animales.

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