- La formación política exige responsabilidades por tolerar y encubrir lo que consideran un acto de maltrato animal.
- El toro “Armada”, patrocinado por el propio Consistorio, murió tras horas de agonía en unos festejos respaldados también por la Diputación de Castellón.
Madrid, 26 de agosto de 2025 – El Partido Animalista PACMA afirma que el Ayuntamiento de Borriol habría tratado de ocultar la muerte de un toro bravo durante las fiestas locales, celebradas en honor a Sant Bartomeu y Sant Roc, consideradas las más importantes del año en la localidad y dedicadas casi en exclusiva a festejos taurinos de diferente carácter.
El animal fallecido, de nombre “Armada”, número 24, pertenecía a la ganadería Ángel Gómez Núñez de Salamanca y había sido adquirido a la ganadería de Sergio Centelles de Catí. Estaba patrocinado directamente por el Ayuntamiento de Borriol.
El pasado 23 de agosto, tras ser sometido a ensogamiento, golpes, patadas y a la brutal práctica del embolado después de la “prueba” vespertina, el toro murió tras una larga agonía, sin causas públicamente esclarecidas. El cuerpo fue retirado de madrugada y trasladado a un depósito municipal, en lo que PACMA considera un intento de silenciar lo sucedido y evitar cualquier repercusión pública.
Las fiestas taurinas de Borriol, que cuentan además con el respaldo de la Diputación de Castellón, incluyen eventos como bous de vila, concurso de ganaderías, exhibición de bous feréstecs, embolados, la llamada “nit del foc” y vaques enfudades, configurando un programa plagado de actividades que suponen un sufrimiento constante para los animales.
El Partido Animalista considera “evidente” que se trató de un caso extremo de maltrato animal y denuncia que el Ayuntamiento de Borriol, gobernado por mayoría absoluta por Compromís y patrocinador directo de los festejos, no solo permitió el maltrato del toro, sino que evitó dar difusión a la noticia de su fallecimiento tras la celebración del festejo.
Desde la formación política se exige la depuración inmediata de responsabilidades políticas, tanto en el consistorio como en las instituciones que amparan y financian estas celebraciones, recordando que el silencio y la ocultación convierten a las autoridades en cómplices directos de la violencia ejercida contra los animales.


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