La transición energética es urgente en el contexto en que vivimos, en eso podemos estar de acuerdo. Sin embargo, los datos oficiales del propio Gobierno de Aragón obligan a plantear una cuestión que hasta ahora había quedado en segundo plano ¿qué coste está teniendo este modelo sobre la fauna?
Entre 1994 y 2025, los centros de recuperación dependientes del Ejecutivo aragonés han registrado 76.843 animales recogidos, pertenecientes a 1.129 especies distintas. No se trata de estimaciones ni de extrapolaciones, sino de registros administrativos oficiales, depurados y analizados con criterios técnicos.
La cifra, por sí sola, ya es tremenda. Pero lo es aún más cuando se observa su evolución en el tiempo, sus causas y su relación con el crecimiento del sector eólico en el territorio.
Un crecimiento correlativo: más parques, más víctimas
Los datos muestran una tendencia escandalosa: los rescates aumentan de forma sostenida, especialmente a partir de 2015. Se pasa de apenas unos cientos de casos anuales en los años noventa a más de 7.000 animales en 2023, con varios años recientes por encima de los 6.000.
Este incremento coincide con el desarrollo acelerado de la energía eólica en Aragón. En 2006 existían solo 66 parques eólicos, con unos 1.171 MW instalados. En 2022 ya eran 197, con cerca de 4.750 MW, y en 2025-2026 la potencia supera los 6.100 MW. En apenas tres décadas, la potencia se ha multiplicado varias veces y el número de parques se ha triplicado.
No hablamos de una coincidencia temporal. Los propios datos sitúan las recogidas en entornos próximos a parques eólicos o dentro de ellos.
Colisiones y electrocuciones: principales causas de los decesos
Cuando se examinan las causas en el registro, el diagnóstico es aún más contundente. La colisión es la principal causa registrada, con 27.498 casos (35,8 %). Le siguen los atropellos (16,6 %), las trampas (12,2 %) y la electrocución (10,1 %). En conjunto, más del 60 % de los casos responden a impactos directos con infraestructuras humanas, y especialmente con turbinas y aspas.
Las especies más afectadas refuerzan esta lectura. Encabeza la triste lista el buitre leonado con más de 10.000 individuos fallecidos, que se sepa, seguido de especies como la cigüeña común, el vencejo o el cernícalo. También aparecen murciélagos en cifras muy elevadas, un grupo especialmente vulnerable.
Además, la distribución mensual muestra un pico en verano (especialmente en julio), coincidiendo con los periodos de mayor actividad biológica, por lo que el impacto no es solo en los individuos fallecidos, sino en su descendencia, que en un alto porcentaje morirá a la espera de su regreso.
De todas las aves recogidas con resolución registrada entre 1994 y 2025, el 64,1 % llegó muerta a los centros, un 9,5 % murió posteriormente y solo un 15,9 % pudo ser liberado. Si se suma también la eutanasia, el 83,6 % de los casos terminó sin retorno al medio natural.
Remedios tardíos e insuficientes
Aragón asegura haber ido incorporando medidas al ritmo que crecía el sector, pero el propio recorrido normativo evidencia una actitud reactiva, no preventiva.
Primero se actuó sobre tendidos eléctricos, con normativas como el Decreto 34/2005 o el Real Decreto 1432/2008, introduciendo medidas como aislamiento, salvapájaros o rediseño de apoyos para evitar que el mismo ave tocase dos puntos de corriente al mismo tiempo.
Después llegaron los condicionados ambientales más estrictos en parques eólicos, obligando a seguimientos de mortalidad y contemplando medidas correctoras como paradas temporales o reubicaciones de los aerogeneradores.
En los últimos años, se han desarrollado protocolos más avanzados: en 2023 Aragón aprobó sistemas específicos de seguimiento y protocolos de parada para aerogeneradores conflictivos, y en 2025 introdujo medidas concretas para reducir la mortalidad de murciélagos mediante paradas selectivas en condiciones de riesgo.
El problema es que todas estas herramientas llegan cuando el despliegue eólico ya es masivo y la mortalidad lleva décadas produciéndose, sin que se pueda recuperar lo que ya se ha perdido a nivel de biodiversidad. La propia administración reconoce que las cifras siguen siendo altas y que existen limitaciones importantes en la detección real de cadáveres, lo que implica que el impacto, por si no fuese poco, podría estar infravalorado.
Lo que ya funciona fuera de España
La experiencia internacional demuestra que este problema tiene solución. Existen métodos eficaces que permiten reducir drásticamente la mortalidad sin comprometer significativamente la producción energética.
En varios países se aplican paradas selectivas en momentos de alto riesgo, especialmente para murciélagos, logrando reducciones de mortalidad superiores al 50 % con pérdidas energéticas mínimas. También se están implantando sistemas de detección automática con cámaras e inteligencia artificial, capaces de detener aerogeneradores solo cuando un ave entra en trayectoria de colisión, reduciendo de forma muy significativa la mortalidad de grandes rapaces.
Otras medidas incluyen la corrección intensiva de tendidos eléctricos peligrosos (de una manera más exhaustiva que hasta ahora), la planificación territorial evitando zonas sensibles, y soluciones experimentales como el pintado de palas para aumentar su visibilidad (este método se ha probado en varios países con resultados variables).
La conclusión internacional es que la mortalidad puede reducirse mucho, pero requiere actuar antes, mejor, con criterios estrictos de prevención y con voluntad política.
El problema no es la energía: es el modelo
Desde PACMA lo tenemos claro: apostamos por energías renovables, pero siempre con responsabilidad. Las defendemos como una herramienta imprescindible frente a la crisis climática, pero estos datos demuestran que el modelo actual no es aceptable.
No podemos asumir como normal que decenas de miles de animales (en una sola comunidad autónoma) resulten heridos o muertos en apenas tres décadas. No podemos aceptar que la solución pase por contabilizar víctimas mientras se sigue aplicando el mismo sistema sangriento.
La transición energética no puede construirse sobre una mortalidad silenciosa y sistemática.
Una decisión pendiente
Los datos oficiales están ahí. Son claros. Y dibujan una realidad que ya no puede ignorarse.
La pregunta ya no es si debemos apostar por renovables… La pregunta es: ¿Vamos a hacerlo bien o seguiremos mirando hacia otro lado mientras el coste lo paga el planeta que habitamos y las generaciones venideras?
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2. Rellénalo con tus datos.
3. Elige la forma de presentación:
- A través de Red Sara (recomendado si tienes certificado digital).
- A través del Registro electrónico del Gobierno de Aragón (puedes especificar que va dirigido al Departamento de Medioambiente y Turismo).
- Presencialmente en un Centro de Atención Ciudadana.












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